Un podcast sobre los orígenes de las zapatillas de running, basket y skate.

OK Me gusta el basket

Estamos en los Estados Unidos, un joven Al Capone es guardaespaldas del famoso mafioso Frankie Yale y de “Toni el Malo” (no me lo estoy inventando…) se ha instaurado la ley seca y el Charleston causa furor en Broodway y en todos los clubs nocturnos de America. 

Acaba de nacer la Metro Goldwyn Mayer, una productora de cine que va a filmar películas como: Ben-Hur, Gigi, Rocky, 2001Odisea en el Espacio, Poltergeist, WarGames, Octopussy, Terminator, Rain Man, El Hobbit o Tomb Raider.
Son los años 20 y nos esperan 30 años que cambiarán por siempre nuestros hábitos de consumo. Esta es la historia de las primeras zapatillas de baloncesto de Onitsuka. OK Me gusta el basket.

En 1925 Charles Chaplin rueda la Quimera del Oro, la película por la que deseará ser recordado para siempre…dos años después se proyecta “El Cantante de Jazz”, la primera película de cine sonoro que transformaría la industria del cine poniendo en un aprieto a los actores y productores acostumbrados hasta aquel entonces a trabajar con el cine mudo. 

En 1928 el dibujante Ub Iwerks, crea por encargo de Walt Disney a Mortimer, un ratón que poco después cambiaría su nombre por el de Mickey Mouse a petición de su estimada Minnie.
Durante todo aquel tiempo en España también surgieron nuevas empresas que han estado muy presentes durante las vidas de la mayoría de todos nosotros.

En 1923 los hermanos Beristain comenzaron a fabricar en Vitoria sus bicicletas BH las siglas de Beristain Hermanos, y en 1930 se fundaba ORBEA su competidor nacional. Siempre recuerdo el slogan que me dijo un representante de Orbea cuando yo trabajaba en el departamento de bicicletas de el Corte Ingles de Portal del Angel, tras su visita, antes de irse me dijo: recuerda Orlando: “BH se rompe al primer bache, y Orbea nunca se estropea”.

A 600 km de allí y tan sólo un año después de que Orbea fundara su marca salían de la fábrica Barcelona Letona, fundada por el empresario Marc Viader las primeras botellas de lecha con cacao, osea las primeras botellas de Cacaolat!

Los Viader, que tienen todavía hoy una granja-cafetería donde poder degustar sus productos en la calle Xuclá de Barcelona, le encargaron el logotipo de la botella a Gaudí, que diseñó la mascota Pepi, un escolar feliz corriendo con su cartera y una botella de Cacaolat a cuestas. Poca broma fundar una marca de batidos de cacao y poderle encargar a Gaudí el diseño de tu logotipo.

En Madrid un tal Ramón Areces adquirió, gracias a la fortuna que había conseguido en Cuba, una pequeña sastrería infantil que ya se llamaba El Corte Inglés, la primera de la que sería una importante empresa con 80 tiendas;

y ese mismo año, en Canadá, Jack Purcell creaba sus zapatillas de lona y goma para una compañía que se llamaba B.F. Goodrich Company, conocida poco después como PF Flyers.

Purcell diseñó una zapatilla de lona y goma blanqueada para jugar a bádminton, ese juego similar al tenis (me perdonen los entendidos), que se juega con unas pelotas con pluma. Eran unas zapatillas que proporcionaban un magnífico soporte en las pistas de bádminton debido a un vástago de acero incrustado en el talón. Eran tan efectivas que durante la mayor parte del siglo XX eran las zapas oficiales de los clubs de tenis hierba y tierra de los Estados Unidos.

Una de las características que las hizo ser consideradas como las mejores es que tenían las suelas perfectamente planas, sin marcas o surcos que pudieran romper la arcilla o el césped y evitar así desviar los rebotes de las pelotas de tenis sobre el suelo. Todos, desde el alumno más joven hasta las estrellas de tenis profesionales y los aficionados usaban zapatillas Purcell. 

En 1972, Converse compró PF Flyers, años más tarde PF Flyers fue adquirida por New Balance y en el 2003 Nike adquirió Converse y también los derechos de las zapatillas Jack Purcell, de modo que las Purcell siguen estando en el catálogo de Converse
Y es que Nike no quiso dejar escapar la famosa sonrisa de la puntera de goma de estas zapatillas, que puede entenderse como una característica de la carrera deportiva del señor Jack Purcell, que era conocido por saber como burlar deportiva y astutamente a sus rivales.
Ya no es la zapa de badminton y tenis por excelencia pero sigue manteniendo su estatus de zapatilla casual de calidad y de gran estilo. 

LLegamos a los 40, cuando el ingeniero suizo George De Mestral creó uno de los inventos más notorios para la industria del calzado deportivo mundial: el velcro, ese tipo de sujeción que cuando éramos niños queríamos dejar de llevar porque lo que llevaban los mayores eran las zapatillas con cordones!!!

Ya sabéis que la historia nos cuenta que George De Mestral tuvo la idea de inventar el velcro cuando, allá voy con la explicación rollo Wikipedia al micrófono: paseando por el campo con su perro cuando notó que unas semillas se adherían al pelo de su mascota y a su ropa y al observarlas a través del microscopio vio que estaban rodeadas de diminutos ganchos que facilitaban su adherencia.
El velcro fue utilizado por primera vez por Puma, tal y como os contaba en el programa “Aquellas zapas y sus locos cacharros”, en los JJOO de Mexico, para crear calzado con cierre rápido para todas las disciplinas deportivas que lo necesitaran, y tuvo mucho éxito… de ahí a nuestras zapatillas para el cole todavía tuvieron que pasar unos años, pero de ahí salió todo!

En 1944 se inventó el Boli Bic en Francia, un imprescindible en nuestras vidas ayer y hoy, y en 1949 tras haberse instalado en San Sebastián y comenzar a fabricar sifones bajo el nombre de El Rayo! y conseguir comenzar a distribuir en España una marca que soda que se llamaba Coca-Cola, el señor Duffo Foix (daros cuenta que hasta ahora todos los nombres que salen a escena tienen su miga…) tuvo la idea de comenzar a fabricar una marca de gaseosa que estuviera presente en tooodo el territorio nacional, porque hasta entonces lo que había era muchas marcas de gaseosas fabricadas artesanalmente que se distribuían sólo en pequeñas zonas cercanas a las del fabricante, de modo que el 31 de mayo de 1949, se constituye La Casera S.L. y en abril de 1950 aparecen en el mercado las primeras 1.417 botellas de La Casera,
la gaseosa mas famosa de los años 70 y 80! 

Era el refresco familiar por excelencia! Se llegaron a producir 300.000 litros a la hora, ¿podéis imaginaros de lo que es eso?, eso son muchos litros de Gaseosa, eh!? HuHuuuu!!!! Las primeras botellas de litro de esta gaseosa antes de tener el insulso tapón de rosca de plástico que tienen ahora venían con un cierre a presión con un precioso tapón de porcelana. 

Pues tan famosa era la Casera que no me hubiera extrañado que Adolf Dassler la tuviera sobre su mesa, recién sacada de la nevera, cuando también en el 49 fundaba adidas Sports y estrenaba su primer logotipo: un logo con el nombre del fundador de la marca arriba, el dibujo de una bota de atletismo con clavos en el centro y el nombre de su marca debajo.

En 1949, Casi al mismo tiempo pero de nuevo en Estados Unidos de America nos encontramos con la marca Pro Keds, que tal vez para los menos aficionados a la cultura sneaker no sea una marca que os suene demasiado, pero si os digo que la han llevado jugadores de basket de la talla de Kareem Abdul Jabbar o Nate Archibald puede que os hagáis a la idea de que es una de las marcas importantes en la historia del calzado deportivo.

Originalmente Keds era uno de los productos que producía una empresa dedicada principalmente a la fabricación de neumáticos y que ya había estado fabricando calzado de lona básico para las masas desde hacía mucho tiempo, pero sin preocuparse demasiado por si eran zapatillas muy cómodas o funcionales, porque era calzado para uso diario, para darles caña.

Pero en la posguerra, cuando las primeras marcas deportivas comenzaron a apresurarse por intentar ser las primeras y las mejores en satisfacer las necesidades de una nueva generación de atletas profesionales, principalmente de baloncesto, Pro-Keds desarrolló un nuevo método de fabricación para conseguir sacar al mercado unas zapatillas de gran calidad.

PRO-Keds sabía que para los jugadores de baloncesto la mejor zapatilla que existía en el mercado eran las Converse Chuck Taylor
de las que os hablé en mi primer programa “All Star. Un sueño americano”, pero también sabían que existían desde hacía muuuucho tiempo, que la gente ya las tenía muy vistas y que tampoco habían hecho nada revolucionario para renovarlas ni técnica ni estéticamente. La escena estaba preparada para que otra marca entrara a jugar y desafiara a esta reliquia. El modelo Royal fue el primer lanzamiento deportivo de alto rendimiento de PRO-Keds e inmediatamente estableció un nuevo estándar. 

Para promocionarlas Pro Keds consiguió ponerse de acuerdo con el jugador, el gran jugador George Mikan, un chico de Illinois que medía 2 metros y 8 centímetros. Mikan jugaba en los Angeles Lakers, promediaba más de 22 puntos por partido y consiguió ganar 5 titulos en 6 temporadas. Este jugador fue el que, gracias a su enorme popularidad, puso a PRO-Keds en el mapa, y también fue el primero en conseguir que los jugadores de baloncesto tuvieran un papel aún más relevante en el marketing de aquella época, comenzando a ser imprescindibles para las campañas promocionales de las marcas deportivas.

PRO-Keds fue coronada por el historiador de zapatillas de Nueva York Bobbito García como «la primera zapatilla clásica de los neoyorquinos dentro y fuera de la cancha”

https://hypebeast.com/2009/10/bobbito-garcia-prokeds-royal-flash-sneakers

Pues nada más salir las Pro Keds Royal al mercado en Barcelona se fabricaba el primer futbolín de la empresa Billares Cordoba, los artesanos creadores del modelo de futbolín más buscado del mundo, el modelo denominado “Catalán”.

Y esa primera partida de futbolín jugada tal vez en un bar de Barcelona, podría haberse jugado con una de las primeras adidas Samba de la historia de adidas, aunque adi Dassler no diseñó las Samba para ir a un bar a tomarse unas cañas y jugar al futbolín, Adi las diseñó en 1950 para que los jugadores de fútbol pudieran entrenar en terrenos helados o duros. En sus inicios las Samba eran unas botas de caña media y confeccionadas con una gruesa piel de color negro tratada para soportar la lluvia y con una suela muy distinta a la que conocemos ahora. Las Samba tenían en la suela tres agujeros redondos de un tamaño de unos 5 cm de diámetro que lo que hacían era frenar los pies ante posibles resbalones sobre superficies duras. Eran unas botas sensacionales para entrenar al aire libre sobre terrenos duros de pelar.

Con el tiempo la popularidad de las adidas Samba trascendió los campos de fútbol, y se convirtieron en un clásico del mundo de la moda streetwear y en un básico para los fondos de armario de cualquier tipo de tribu urbana.
Curiosamente y en honor a sus orígenes las Samba fueron también consideradas lo suficientemente elegantes como para ser adaptadas y convertidas en un zapato de golf que conmemoró el aniversario de uno de los torneos más prestigiosos del golf del mundo:
El Open Championship – para el que se produjeron tan sólo 1950 pares
, como tributo al año de lanzamiento de las zapatillas.

Estamos por tanto en 1950 y es momento de confesaros que OK, me gusta el basketball.

Onitsuka acababa de fundar su compañía y decidió crear ese mismo año unas zapatillas de baloncesto, un tipo de calzado que en aquella época era muy difícil de encontrar en Japón.
Onitsuka comenzó fabricando zapatillas de baloncesto pensando, más o menos como el señor Marquis Mills cuando creó las All Star en 1917, en dar respuesta a las necesidades que tenían los jugadores de baloncesto.
Todavía en aquella etapa de la historia del calzado deportivo fabricar zapatillas para jugar a baloncesto era considerado como el más difícil todavía, ya que era un tipo de calzado con varias exigencias que hasta entonces ningún otro tipo de calzado requería, de modo que Onitsuka pensó que si podía fabricar una buenas zapatillas para jugar baloncesto, también sería capaz de hacerlo para el resto de deportes, era todo un reto y más hacerlo en ese momento, justo tras acabar la guerra.

Como en el resto del mundo, aquel era un momento en el que una gran mayoría de la población deseaba disfrutar de su tiempo libre practicando deportes, y el baloncesto, aunque no había calzado y mucha gente iba descalza, era uno de los más practicados, de modo que si a la gente le gustaba jugar a basket y no había zapatillas había que ponerse manos a la obra. 

¿Así que es lo que hizo Onitsuka para conseguir crear una zapatillas de baloncesto que técnicamente fueran tan extraordinarias que fueran el germen, la semilla, de una marca que consiguiera ser referente para los deportistas, y conseguir así diseñar también magníficas zapas de running?, ¿se empapó de catálogos de zapatillas de otras marcas?, no porque no había, ¿se fue a consultar Google? no porque no existía,
¿Se metió en Instagram? No porque no había Internet, ni existían los smartphones, ni Instagram.

Lo que hizo el señor Onituka es visitar a los equipos universitarios de baloncesto y entrevistarse con sus con los entrenadores, quería saber que métodos de entrenamiento se utilizaban y que podía hacer el para fabricar unas zapatillas que consiguieran mejorar el rendimiento  de los atletas …quería saber qué tipo de zapatillas tenía que diseñar

Y descubrió que una de las mayores necesidades era reducir el deslizamiento de los jugadores sobre la pista. Un importante coach le dijo: si consigues hacer unas zapatillas con la que los jugadores puedan hacer sprints y frenar sin resbalarse ni deslizarse sobre la pista, habrás conseguido crear las mejores .

La respuesta a aquella necesidad fue una de las mejores innovaciones en diseño de la época, unas zapatillas con una suela aventosada que buscaba simular la acción de las ventosas que tienen los pulpos.
Aquellas sensacionales zapatillas de baloncesto se bautizaron con las iniciales de Onitsuka Kihahiro, el fundador de la marca de calzado deportivo Onitsuka. Eran las OK, las OK basketball.

Unas zapatillas estéticamente tan sencillas y tan elegantes, pero con unos acabados precisos tan bien pensados para la práctica del baloncesto, que es imposible que no hagan que un incorregible seguidor de la cultura sneaker y del baloncesto no caiga rendido a sus pies y proclame:
OK, me gusta el basket, me encantan sus zapatillas señor Onitsuka.

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