Un podcast sobre los orígenes de las zapatillas de running, basket y skate.

La historia de Nike. Los Tigres de Blue Ribbon Sports.

Buenos días, buenos díaaas, silencio en clase por favor…

Mi nombre es Frank Shallenberguer y estoy aquí para conseguir hacer de ustedes personas de provecho:
Su primer trabajo en el curso va a ser escribir sobre algún sector que conozcan, sobre algo que les gustaría emprender. Van a hacer un estudio de mercado, todo lo que sea necesario para poner en marcha un negocio imaginario, un negocio que ustedes crean que puede revolucionar el mundo. Espero que me sorprendan.
Esta es la historia de Nike. Los Tigres de Blue Ribbon Sports.

PHILIP KNIGHT
Philip Hampson Knight, conocido por sus compañeros de universidad como Buck, escogió la escuela de negocios de Stanford que se había fundado pensando en tipos como él, capaces de dirigir grandes empresas multinacionales norteamericanas, como Coca-Cola o Corn-Flakes.

Knight era un muchacho alto y delgado, de pelo rubio casi blanco y ojos claros, muy claros. Su aspecto era el de una persona inteligente, reservada y se ponía un poco nervioso ante situaciones sociales en las que había que ponerse a hablar con la gente sin motivo alguno, simplemente por socializar. El no tenía este gen mamífero ni sangre latina en sus venas.

Él era más de estar a su aire, con sus cosas. Tal era así que sus compañeros de cuadrilla le apodaron “topo blanco”.

Sin embargo, del mismo modo que se sentía incómodo ante actos sociales se sentía como pez en el agua cuando había que afrontar retos. Era capaz de encontrar la salida inmerso en un denso banco de niebla. No en vano había pasado por las mejores escuelas públicas de la ciudad y aunque no parecía ser muy aplicado constaba como un alumno de los que había aprovechado muy bien sus estudios.

Philip Knight, cofundador de la distribuidora Blue Ribbon Sports y de Nike.
Phillip Knight, cofundador de Blue Ribbon Sports y Nike.

Knight no tenía las características principales que según los estudios de la escuela de negocios de Stanford, necesitaba tener un hombre de negocios de éxito:
– había que ser extrovertido,
– había que saber y disfrutar hablando en público
y practicar deporte más de 15 horas a la semana. Knight sólo cumplía el último de estos tres requisitos.

Le gustaba mucho el deporte, no lo hacía mal en el tenis pero donde era bueno de verdad era en las pistas de atletismo y en los caminos, corriendo. Ingresó en el equipo de atletismo, dirigido por el entrenador Bill Bowerman, que estaba labrándose una fenomenal reputación como propulsor de nuevos campeones milla.

Estaba en un equipo donde había corredores muy buenos, como Jim Grelle, que acabó siendo campeón olímpico.
De modo que no consiguió destacar, pero era un miembro importante para los logros del equipo.
Knight era un corredor bueno pero no sobresaliente, no era un tipo inolvidable y tampoco era una de esas personas de las que se espera una carrera empresarial llena de éxitos. Phil Knight, Buck “el topo” para los amigos, era alguien del que nadie esperaba que fuera a conseguir algo extraordinario en la vida, un pagafantas.

Sin embargo Phil Knight, el topo, tenía un plan.
Siguiendo las instrucciones de su profesor Frank Shallenberguer, el tímido pero audaz Phil Knight  había desarrollado un plan de negocios para su empresa imaginaria que trataba de sacarle rendimiento a su deporte favorito: el atletismo.

A Knight le gustaba correr, le gustaba correr en pistas y por la montaña. Corriendo no se ganaba dinero, pero tenía muy claro que para correr bien hacían falta unas buenas zapatillas, y por aquel entonces en los Estados Unidos no las había, las mejores eran las adidas, pero se fabricaban en Alemania y era muy difícil y muy caro conseguirlas.

Pero, tal y como explican en el libro NIKE de JB Strasser y Laurie Beklund, el joven emprendedor Phil Knight le preguntó a sus compañeros de curso: ¿que ocurriría si los Japoneses hicieran con adidas lo mismo que hicieron con las cámaras de fotos? refiriéndose a la prestigiosa marca alemana de cámaras de fotos Leika, que había sido barrida del mercado por las japonesas Nikon y Canon.

En estados unidos los japoneses estaban presentes en el imaginario colectivo americano como una sociedad capaz de construir sombrillitas de papel para los cocktails como las que utilizaba Tom Cruise en la pelicula Cocktail para imaginar su propio negocio.
Pero los japoneses tenían muy buenos diseñadores, ingenieros y mano de obra barata, de modo que, según el análisis que había hecho Phil Knight, un distribuidor americano podría importar y comercializar calzado deportivo de la misma calidad que las adidas pero a un precio mucho más competitivo. Se podrían distribuir en Washington, en California, en Oregón!.

Para distribuirlas contrataría como representante y vendedor a un exatleta admirado, como Dyrol Burleson, conocido por todo el mundo como Burley, un miembro de su equipo de atletismo que estaba batiendo todos los récords universitarios y que era un gran influenciador. Los corredores querrían llevar las mismas zapatillas que Burley.

Buck Night tenía muy claro lo que quería conseguir en su vida.
Buck quería ser el mejor distribuidor de zapatillas de atletismo de los estados unidos.

Pero para afrontar ese gran reto sabía que tenía que forjarse, tenía que viajar alrededor del mundo y buscar empleo en alguna gran compañía. Antes de afrontar su gran reto comenzó a escribir una novela, trabajó como contable para la administración pública y dio clases en una escuela.

Cuando se acercaba la fecha de su graduación en la escuela de negocios, tal y como solía hacerse ya por aquel entonces, los estudiantes se inscribían en una bolsa de trabajo de grandes empresas que buscaban nuevos talentos en las universidades, de modo que Buck se inscribió para esperar a que le entrevistaran. Llegó el día de la entrevista, Buck se puso su mejor traje y se colocó un pañuelo impecable en el bolsillo que hay junto a la solapa del pecho, peinó su pelo rebelde y preparó minuciosamente su presentación para dar una muy buena impresión.

Todo transcurría según lo previsto pero de repente, tal vez por los nervios, Buck notó un cosquilleo en su nariz y estornudó. Inmediatamente metió su mano en el bolsillo del traje para sacar el pañuelo, y al sacarlo, él y el entrevistador descubrieron que con lo que se estaba sonando la nariz no era un pañuelo, ¡era un calcetín!. Un calcetín iba a ser el responsable de que a Philip Hampson Knight, el topo blanco, no le escogiera ninguna de las grandes empresas estadounidenses. Su destino lo iba a marcar un calcetín de deporte.

Los Tigres de Blue Ribbon Sports.
Tras Hawai, Phil Knight viajó hasta Japón. Era un vuelo largo pero apacible en el que unas azafatas repartían unos preciosos souvenirs de la compañía aérea, unos pergaminos con el zodíaco asiático. El de Knight decía que la fortuna le había sonreído al cruzar la línea internacional del tiempo. Buck no se dio cuenta de que estaba en 1962, el año del Tigre. El mismo año que comenzaría su andadura hacia Onitsuka Kihachiro, fundador de Onitsuka Tiger.

BILL BOWERMANN
Bowermann era uno de los mejores entrenadores que se habían visto en el país.
El siempre decía que era maestro, no por falsa modestia, si no porque sabía muy bien que por aquel entonces la figura de un maestro era muy importante: Un maestro podía profundizar en la vida de los estudiantes e inculcar valores y un entrenador “tan sólo” (entre comillas) convertía a un atleta en un atleta mejor. Era un entrenador duro, pero cercano. Una de esas figuras paternas que perduran en la memoria. Una persona con mucha presencia, de los que llenan el espacio cuando entran a una reunión.

Bowermann estaba orgulloso de pertenecer a Oregón:
“Ustedes están por encima del promedio, ustedes son de Oregón” les decía a sus atletas…
“Ustedes están aquí en primer lugar para estudiar en la escuela y en segundo lugar para correr en mi equipo de atletismo”!

(Yo me lo estoy imaginando como al sargento de hierro en los barracones de los soldados, dando caña, repartiendo collejas….)

Él le enseñaba a su equipo a evaluar constantemente su desempeño, sus progresos, sus debilidades y también la de sus competidores, uno de sus lemas era: “La derrota es un aprendizaje. Cuando uno pierde, algo aprende” A veces entraba en las duchas de los vestuarios, y mientras los chicos se duchaban él se dirigía a algún atleta para darle algunas instrucciones.

“Tienes que salir en las primeras vueltas más rápido”, ”tienes que estar muy atento, y no dejar que los contrarios se te orinen en las piernas” Y el atleta tardaba poco en darse cuenta que mientras le estaba soltando aquel discurso Bowermann, ¡se le estaba meando en las piernas!. Era un bromista incansable, uno de los que marcan época.

Kenny Moore, redactor de la sección de atletismo de Sports Illustrated pensaba que cada muchacho necesitaba un estímulo distinto para desarrollar todo su potencial, y eso es lo que hacía Bowermann.
Bowermann podía citar un verso de la Biblia y a continuación contar un chiste verde, muy verde,  si eso era lo que funcionaba con alguno de sus corredores. Tenía consejos, chistes y proverbios para todo.

Tras graduarse y haber jugado para el equipo de futbol de su universidad tenía pensado hacerse entrenador de futbol, pero un amigo suyo le advirtió que había docenas de buenos entrenadores de futbol en todo el país, pero muy pocos entrenadores de atletismo. A penas podían contarse con los dedos de una mano.

De modo que tras disfrutar de su luna miel con Barbara Young, el recién casado y feliz marido Bill Bowerman comenzó a prepararse para ser entrenador y se mudaron a la ciudad de Medford, una ciudad que actualmente tiene 70mil habitantes. Allí comenzó a involucrarse en el mundo del atletismo, investigó métodos y materiales para la construcción de pistas de atletismo y construyó la primera pista de la ciudad.

Tras la 2a guerra mundial y con una medalla de honor en su pecho Bowerman, que llevaría siempre en su maletín un parche de su división militar, aceptó el puesto de entrenador de la universidad de Oregón, relevando al que había sido su entrenador, y convirtiendo al equipo universitario en un equipo de campeones nacionales. Para conseguirlo analizaba a sus competidores y se centraba en ganar pruebas que los demás equipos no tenían en cuenta a la hora de sumar puntos. Era un estratega.

Era un estratega que observaba y evaluaba hasta el menor detalle que pueda ayudar a su equipo a llegar hasta la victoria. 
Había 3 aspectos que él cuidaba muchísimo:
1. La estrategia
2. Las zapatillas
3. y los fans, el club de fans del equipo
Sabía que analizando a sus contrincantes y con una buena estrategia conseguirían ganar títulos,
que con unas zapatillas ligeras y cómodas correrían más rápido y que con un buen club de aficionados conseguirían patrocinios para el equipo, recursos para ayudar a sus atletas a labrarse un buen futuro y llenar las gradas de gente que animara. 

Mientras los otros equipos tenían siempre al entrenador a pie de pista pegando gritos, él, con los deberes hechos, se subía a las gradas y animaba a tope junto a los fans. Y para lograr tener un buen club de fans y patrocinadores lo que hacía Bowerman era entablar muchas relaciones sociales y organizar torneos infantiles veraniegos donde las familias se lo pasaba grande y se enganchaban al mundo del atletismo y de las carreras. Animados por Bowerman funcionarios, médicos, abogados, directivos e importantes empresarios de éxito fundaron el club de atletismo de Oregón.

Pero a parte de disfrutar como entrenador y ser un buenísimo relaciones publicas, Bowerman invertía gran parte de su tiempo en el diseño y manufactura de calzado deportivo, le apasionaban las zapatillas. Tenía una gran capacidad de observación que le permitía fijarse en los detalles de las zapatillas que podían mejorarse, y entonces investigaba y buscaba la manera de poder mejorarlos. 

Bowerman era inventor, había inventado un ingenioso cronómetro que medía la velocidad de los corredores al salir, puso almohadillas a las vallas para evitar golpes en la espinillas de los corredores, preparó una bebida isotónica que sabía a rayos y desarrolló compuestos de goma para pavimentar pistas de atletismo y ganar así un extra durante las temporadas de verano.

Creía en la ecología porque le parecía un disparate desaprovechar los recursos naturales, era muy ingenioso y había experimentado con muchos materiales con tal de conseguir que las zapatillas de sus corredores fueran más ligeras. Bowerman había calculado que si conseguía aligerar en 1 onza las zapatillas, sus corredores correrían con 25kg menos de peso durante la carrera. Con la ayuda de un fabricante de botas de Springfield que le enseñó a diseñar, hacer patrones, a deconstruir y reconstruir una zapatilla.


Bowerman se propuso modificar y confeccionar zapatillas de atletismo utilizando tejidos, piel de pescado, de Carpa para ser más exactos, y hasta piel de serpiente de Cascabel. Eran zapatillas muy ligeras que no duraban más de una carrera, pero su objetivo no era que duraran, era que dieran un buen resultado en la carrera, aunque llegaran desgastadas.
Envuelto siempre en su espíritu de creador inquieto insatisfecho, él siempre había dicho a su equipo que las zapatillas son parte del equipo y no hay porque aceptarlas tal y como llegan de fábrica, se pueden modificar. Las podemos abrir, podemos meterles piezas para adaptarlas a nuestra pisada y después volverlas a pegar!
La confección de cada zapatilla customizada por Bowerman tardaba unas cuatro horas, y las hacía siempre pensando en sus equipo

Tras la guerra había tenido que comprarle zapatillas alemanas adidas a sus corredores debido entre otros factores a que habían desaparecido las fabricas de calzado de Spalding y de Dunlop, pero ahora él había conseguido producir unas zapatillas más ligeras que las adidas. 

Su arduo trabajo de investigación, prueba y error le llevaron a ser un experto en calzado de atletismo y ahora estaba buscando una fábrica que le ayudara a producir sus zapatillas en serie, pero no encontraba ninguna que le convenciera, tras incluso haber encargado algunos pares ya estaba apunto de abandonar la idea cuando como de la nada apareció nuestro amigo Buck Knight con el catálogo de una gran compañía de calzado japonesa bajo el brazo, la compañía tenía el mismo nombre con el que Bowerman apodaba a sus corredores: Tiger, Onitsuka Tiger.  

KNIGHT EN JAPÓN
A Knight le estaba gustando mucho aquello de vivir en Japón. 

Había estado trabajando durante varios años con empresas japonesas que le ayudaron a obtener un buen conocimiento de la cultura, de los negocios y de la lengua y había viajado por todo el país, sin olvidar, por supuesto, visitar el monte Fuji. 

El último viaje por Japón, antes de volver a los estados unidos, fue a Kobe, a la sede de Onitsuka Tiger. Knight había visitado muchas tiendas de deportes y vió que las Onitsuka, que imitaban las 3 bandas de adidas excepto por una franja que unía la segunda y la tercera banda, era una buena marca de zapatillas, muy recomendada por los vendedores.

Knight llegó a la sede de Onitsuka y subió por unas escaleras que había junto a un muelle de carga con varios camiones que los trabajadores estaban llenando con cajas de zapatillas. Philip Knight se presentó como un importador de los estados unidos que buscaba una marca de calzado deportivo de atletismo. Explicó que había realizado un estudio de mercado y que debido a la gran calidad de las Tiger, sus precios y la campaña de marketing que harían con la ayuda de un entrenador de prestigio de Oregón, su empresa podía conseguir generar un negocio muy rentable para ambas partes. 

Buck Knight les dijo: Cuando recibamos las primeras muestras comenzaremos a hacer los primeros pedidos.

¿Cómo se llama su empresa? le preguntaron los japonenes:
Blue Ribbon Sports, se llama Blue Ribbon Sports
.

Buck Knight había escogido ese nombre pensando en la cinta que alcanza un corredor al llegar a meta, aunque hay gente que dijo que ese nombre es el primero que le vino a la cabeza cuando le preguntaron y recordó el nombre de la cerveza que saboreó la noche anterior, una cerveza que se llamaba (y se sigue llamando): Pabst Blue Ribbon

Knight salió de su primera cita con Onitsuka Tiger encantado, los tenía en el bote. Ahora necesitaba pedirle a su padre que le prestara 37 dólares para comprar unas muestras y comenzar a venderlas. La primera persona a la que había pensado ofrecérselas era a Bill Bowerman, su antiguo entrenador de atletismo. Estaba seguro que le gustarían y que el sería un excelente primer influenciador para que todos los corredores de la universidad de Oregón se las compraran.

Knight le envió 2 muestras a Bowermann. Era un colección de zapatillas que incluía modelos como las famosas Marup de las que hablamos en el episodio anterior de las primeras zapatillas de running.
En el interior de la caja de zapatillas Knight inluyó una carta dirigida a Bowermann que decía:
“Aquí tiene dos pares de lo último en zapatillas de deporte japonesas. Si le parecen buenas no dude en utilizarlas”

Bowerman no dudó en decir que esas zapatillas eran una porquería, pero lo que le llamó la atención no fue la calidad o el diseño de las zapatillas, lo que le pareció interesante es que a través de su antiguo discípulo, que quería montar una distribuidora, tal vez por fin una empresa deportiva podría producir las zapatillas que el creía que podrían ser las mejores. Bowerman le devolvió una carta a Buck Knight y le dijo:
“Si puedes firmar un contrato con esta gente no lo dudes ni un instante. Yo te explicaré alguna de mis ideas pero espero que incluyas a tu viejo entrenador en la participación del negocio”

Al recibir la carta Knight se quedó pasmado, el pensaba en Bowerman como un cliente, no como un socio. Sin embargo la idea de que el entrenador se hiciera cargo de probar con los atletas las zapatillas, aportar diseños y recomendarlas a otros entrenadores conocidos mientras él se hacía cargo de las gestiones de la empresa era una muy buena idea.

Era 1964, y mientras que en Nuevo Mexico nacía Jeff Bezos, futuro fundador de Amazon y uno de los mejores clientes de Nike. Knight y Bowermann quedaron para verse en Portland, conversaron durante una hora y decidieron formar una sociedad. Ninguno tenía mucho dinero, pero cada uno de ellos puso 500 dólares para iniciar la compañía.

Sin contrato con Onitsuka, sin plan de marketing, pero con un plan de negocios que estaba comenzando a dar sus primeros pasos lo único que faltaba era ponerse de acuerdo. Los Tigres de Blue Ribbon Sports se dieron un fuerte apretón de manos y fundaron la sociedad Blue Ribbon Sports, la precursora de Nike.


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